Noticia

Blue Origin construirá la red de internet que conectará Marte con la Tierra

Según informa Gizmodo en Español, la NASA acaba de confiar a Blue Origin, la compañía espacial de Jeff Bezos, la construcción de esa nueva red de telecomunicaciones marcianas, con un contrato que…

Blue Origin construirá la red de internet que conectará Marte con la Tierra

Imagina que un rover en Marte quiere enviar una foto a la Tierra. Parece instantáneo, pero cada imagen de Perseverance o cada medición de Curiosity depende de una cadena silenciosa de antenas y orbitadores que actúa como una especie de internet interplanetaria. Según informa Gizmodo en Español, la NASA acaba de confiar a Blue Origin, la compañía espacial de Jeff Bezos, la construcción de esa nueva red de telecomunicaciones marcianas, con un contrato que puede alcanzar los 700 millones de dólares.

Una infraestructura que ya envejece

La Mars Relay Network actual —el sistema que mantiene en contacto a robots, naves y futuras tripulaciones con la Tierra— está compuesta por cuatro orbitadores de la NASA y la Agencia Espacial Europea. El más veterano, Mars Odyssey, lleva operativo desde 2001, y Mars Reconnaissance Orbiter se sumó en 2006. Ambos siguen siendo piezas fundamentales, pero fueron pensados mucho antes de que la NASA imaginara mantener de forma simultánea numerosos rovers, módulos de aterrizaje y, con el tiempo, exploradores humanos sobre el planeta rojo.

Los rovers, de hecho, no hablan directamente con nuestro planeta: primero transmiten sus datos por radio UHF a una nave que pasa sobre ellos, el orbitador los guarda y, después, los reenvía hacia la Deep Space Network, las enormes antenas situadas en California, Madrid y Canberra que permiten seguir a las misiones mientras la Tierra gira sobre su eje.

Qué se ha comprometido a hacer Blue Origin

El acuerdo obliga a la empresa a diseñar, fabricar, integrar, lanzar y operar el nuevo sistema, cuya pieza central será una nave de alto rendimiento en órbita marciana basada en la plataforma Blue Ring. La NASA marca dos fechas clave: el orbitador principal deberá entregarse antes del 31 de diciembre de 2028, y la red tendrá que estar plenamente operativa en Marte en 2030.

El planteamiento incluye varios enlaces direccionales de alta velocidad para mantener distintas regiones del planeta conectadas, pequeños satélites UHF en órbitas más bajas que acompañen a los rovers históricos y a futuras maniobras de entrada, descenso y aterrizaje, y un sistema de propulsión que combina motores eléctricos y químicos. La compañía asegura que la arquitectura podría transportar más de mil kilos de carga útil e incorporar almacenamiento, procesamiento de datos e inteligencia artificial a bordo, de modo que no se limitaría a reenviar información, sino que podría tratarla antes de enviarla a casa, algo especialmente útil cuando una señal tarda entre cuatro y veinticuatro minutos en recorrer el camino entre ambos planetas.

Por qué merece la pena seguirlo de cerca

Aunque el contrato no cambie nada en el día a día de quien se conecta desde Managua o desde una comunidad rural del Caribe nicaragüense, sí deja una lección muy práctica: cada conexión, por invisible que parezca, descansa sobre una infraestructura física que hay que mantener, actualizar y, llegado el momento, sustituir. Cuando una red envejece, no avisa; simplemente deja de dar abasto, y quienes más lonotan son las poblaciones que ya partían en desventaja.

Habrá que seguir, por tanto, dos frentes abiertos. Primero, si Blue Origin cumple los plazos que marca la NASA —diciembre de 2028 para el orbitador principal y 2030 para la red en pleno funcionamiento— o si aparecen los retrasos habituales en proyectos de esta envergadura. Y segundo, cómo se compatibilizará el nuevo sistema con los orbitadores heredados de la NASA y la ESA, que aún deberán sostener buena parte del tráfico marciano hasta que la nueva infraestructura tome realmente el relevo.