Centros Digitales: cómo la conectividad rural transforma la educación en Colombia
En 17 departamentos de Colombia, conectarse a Internet se ha convertido en un gesto tan cotidiano como abrir un cuaderno, y los Centros Digitales de Claro —operados junto al Ministerio TIC— son la…

En 17 departamentos de Colombia, conectarse a Internet se ha convertido en un gesto tan cotidiano como abrir un cuaderno, y los Centros Digitales de Claro —operados junto al Ministerio TIC— son la puerta de entrada: según DPL News, más de 726.000 estudiantes y comunidades de 538 municipios acceden hoy a la red sin coste.
Esta cifra, ¿qué nos dice a quienes acompañamos procesos de alfabetización digital en Nicaragua? No se trata solo de infraestructura: detrás de cada conexión gratuita hay una clase que se planifica mejor, un trámite que se resuelve sin viajar horas y, sobre todo, una oportunidad que deja de ser lejana.
Una red que aprende junto a las comunidades
La iniciativa colombiana, en marcha desde 2021, articula 7.468 Centros Digitales repartidos entre 7.328 sedes educativas y 140 espacios especiales —bibliotecas, comunidades indígenas, centros de salud y parques naturales—. El uso sostenido lo confirma: más de 244,8 petabytes de tráfico, 14,9 millones de dispositivos conectados y 6.012 millones de sesiones registradas hasta la fecha.
El crecimiento también se nota en las rutinas: si en enero de 2022 se contaban cerca de 100.000 usuarios diarios, hoy se superan los 330.000, con casi 47.000 millones de visitas a sitios web vinculadas a educación, tecnología, economía y emprendimiento.
Voces que aterrizan la conectividad
En La Guajira, Sonia Fonseca, docente multidisciplinaria del Colegio Camilo Torres en Riohacha, lo cuenta con una frase que resume años de trabajo en aulas rurales: "Gracias a la conexión gratuita a Internet puedo acceder a plataformas educativas que me ayudan a planear clases más completas y dinámicas". Y en Purificación (Tolima), la estudiante Shirley Hernández, de grado 11, lo vive en primera persona: "A través de Internet he podido conocer más sobre carreras, universidades y oportunidades que antes veía muy lejanas". Son relatos que muestran algo sencillo: cuando el acceso llega sin fricciones, el aprendizaje deja de depender de la suerte geográfica.
Lo que esta experiencia deja como método
Mirar el caso colombiano con ojos de educadora es preguntarse cómo se teje la conectividad con el saber local. La lección es práctica. Primero, importa dónde se ubica el punto de conexión: integrarlo en la escuela, la biblioteca o el centro de salud garantiza que la comunidad ya confíe en ese espacio. Segundo, conviene medir qué se hace con la red, no solo si está encendida: las sesiones y visitas cuentan historias sobre necesidades reales. Y tercero, la apropiación tecnológica se construye con acompañamiento, no con instalación.
¿Qué podemos observar de cerca en los próximos meses? La evolución de la adopción cotidiana, los contenidos que las comunidades eligen y las alianzas entre operadores, gobierno y tejido local. En Nicaragua, donde la brecha todavía se mide en kilómetros y en costes, mirar estas rutas —con nuestros propios ritmos— puede abrir caminos donde hoy solo hay espera.