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Más allá de la fibra óptica: el reto de la conectividad significativa en Nicaragua

En una tribuna reciente publicada por Impacto TIC, Sandra Milena Urrutia Pérez, secretaria TIC y de Gobierno Abierto de la Gobernación de Boyacá, lanza una pregunta incómoda para toda la región: ¿de…

Más allá de la fibra óptica: el reto de la conectividad significativa en Nicaragua

Más allá de la antena: lo que Colombia debate y Nicaragua necesita escuchar

Por: Lourdes Casamayor

En una tribuna reciente publicada por Impacto TIC, Sandra Milena Urrutia Pérez, secretaria TIC y de Gobierno Abierto de la Gobernación de Boyacá, lanza una pregunta incómoda para toda la región: ¿de qué sirve desplegar antenas y fibra óptica si la conexión no se traduce en aprendizaje, ingresos o participación? La funcionaria propone convertir la llamada "conectividad significativa" en política de Estado para el período 2026–2030, una idea que, aunque se piensa desde Colombia, toca de lleno las discusiones que ya viven las comunidades nicaragüenses en sus territorios.

Conectividad significativa: el concepto que cambia la conversación

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) lleva años insistiendo en que estar conectado no es suficiente. Según recoge Urrutia en su texto, la conectividad significativa añade al menos cinco capas a la idea tradicional de acceso: frecuencia de uso, calidad y estabilidad de la conexión, asequibilidad, seguridad y disponibilidad de dispositivos adecuados. Es decir, no basta con que la señal llegue al hogar; hace falta que esa señal sea estable, que las personas cuenten con un equipo para aprovecharla y que el coste no devore los ingresos familiares.

A partir de esa base, la secretaria articula cuatro capacidades inseparables que una política de inclusión digital debería atender de forma conjunta: conectividad de calidad y continuidad, habilidades digitales, equipos terminales apropiados y liderazgo social que promueva el uso y la apropiación. A ellas suma una condición transversal que resuena especialmente en Centroamérica: la pertinencia territorial. ¿Se puede diseñar una estrategia de inclusión digital desde un escritorio capitalino y aplicarla igual en un barrio urbano, una comarca rural o una comunidad del Caribe nicaragüense? La experiencia recogida en Boyacá, llamada "Modelo Boyacá", agrupa seis capacidades —talento, conectividad, herramientas, productividad e innovación, gobierno digital y fortalecimiento institucional— precisamente para evitar que la tecnología quede aislada del tejido social.

Qué puede aprender Nicaragua de este debate

Aquí es donde la conversación deja de ser colombiana y se vuelve cercana. ¿Cuántas familias en zonas rurales del norte o del Caribe nicaragüense cuentan con señal, pero no con un dispositivo, o tienen un teléfono compartido pero carecen de datos estables para estudiar o trabajar? ¿De qué sirve un punto WiFi comunitario si nadie en la vereda sabe usarlo para acceder a servicios públicos o vender su cosecha? La propuesta de Urrutia —territorios piloto el primer año, línea base de conectividad significativa y metas verificables de transformación— ofrece un mapa metodológico que las alcaldías, los colectivos digitales y las organizaciones de base pueden adaptar a su realidad.

Para quienes acompañamos procesos de alfabetización digital, la lección es concreta: antes de celebrar un nuevo punto de acceso, conviene hacerse tres preguntas básicas. Primera, ¿qué necesidades reales tiene esta comunidad —estudiar, vender, atenderse, participar— y cómo se conecta la herramienta con ellas? Segunda, ¿quién sostiene el proceso cuando termina el proyecto: un docente, un líder comunitario, una persona de la propia comunidad formada para acompañar a otras? Tercera, ¿qué pasa con quienes no pueden pagar datos o no tienen dispositivo adecuado? Sin respuestas a estas preguntas, la conectividad seguirá siendo una promesa que no termina de transformar la vida cotidiana, y el despliegue tecnológico, por ambicioso que sea, se quedará en una antena más en el paisaje.