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Rassvet: los fallos técnicos de la alternativa rusa a Starlink y sus lecciones para la conectividad

Según el análisis publicado por Gizmodo en Español, los primeros lanzamientos de 2026 ya muestran dificultades: de los 32 satélites enviados al espacio, al menos tres habrían sufrido fallas completas…

Rassvet: los fallos técnicos de la alternativa rusa a Starlink y sus lecciones para la conectividad

Rusia está acelerando el desarrollo de Rassvet, una constelación de satélites en órbita baja pensada para ofrecer internet de alta velocidad como alternativa nacional a Starlink. Según el análisis publicado por Gizmodo en Español, los primeros lanzamientos de 2026 ya muestran dificultades: de los 32 satélites enviados al espacio, al menos tres habrían sufrido fallas completas y varios más no lograron alcanzar las órbitas previstas. ¿Qué nos dice esto a quienes trabajamos día a día por reducir la brecha digital en Nicaragua? Que construir infraestructura de conectividad no es solo cuestión de voluntad, sino de una cadena tecnológica enorme que rara vez vemos desde nuestras comunidades.

Lo que muestran los datos orbitales

La primera tanda de 16 satélites despegó el 23 de marzo desde el cosmódromo de Plesetsk, y otra tanda de 16 los siguió en julio. Los análisis realizados a partir de seguimiento independiente revelan que ninguno de los aparatos llegó a los aproximadamente 800 kilómetros de altitud contemplados para el sistema. Doce de los satélites lanzados en marzo se estabilizaron alrededor de los 500 kilómetros; uno apenas realizó maniobras antes de reentrar en la atmósfera durante junio, y otros dos dejaron de elevar su órbita. En la tanda de julio, varios satélites casi no realizaron maniobras tras su despliegue, lo que apunta a trayectorias que podrían terminar en reentrada antes de tiempo.

Un calendario que aprieta y una industria por reinventarse

Moscú pretende disponer de casi 300 satélites a finales de 2027, cuando Rassvet debería empezar a ofrecer servicios comerciales, mientras que Bureau 1440, la compañía desarrolladora, plantea alcanzar alrededor de 924 unidades hacia 2035. Los planes federales contemplaban terminar 2026 con unos 156 satélites en órbita, lo que obliga a multiplicar el ritmo de lanzamientos en los próximos meses. Una megaconstelación no solo exige fabricar los aparatos: también hacen falta cohetes suficientes, estaciones terrestres, distribución en múltiples planos orbitales y la capacidad de mantenerlos operativos durante años. Para una industria acostumbrada a producir cantidades mucho menores de satélites, el salto representa un desafío industrial enorme.

Soberanía tecnológica y aprendizajes para nuestra realidad

Rusia presenta Rassvet como una infraestructura para mejorar la conectividad en zonas con poca cobertura terrestre, aunque la guerra en Ucrania ha convertido este tipo de redes en una pieza con enorme valor militar. Desde 2022, Starlink ha permitido mantener comunicaciones en regiones donde las redes convencionales fueron destruidas, y las fuerzas rusas llegaron a depender de terminales obtenidas por canales no oficiales hasta que las restricciones aplicadas por SpaceX expusieron esa vulnerabilidad. La pregunta que queda flotando, y que nos toca de cerca, es cómo países con desafíos de conectividad como el nuestro pueden pensar en soluciones propias sin caer en la ilusión de que basta con lanzar satélites. La apropiación tecnológica que defendemos desde el trabajo comunitario empieza por entender qué hay detrás de cada antena, cada protocolo y cada órbita: no como concepto abstracto, sino como realidad que afecta la vida de las familias que aún esperan una conexión estable.